martes, 19 de enero de 2016

Los candeleros


La Instrucción General del Misal Romano dispone que sobre el altar, o cerca de él, debe colocarse en todas las celebraciones por lo menos dos candeleros, o también cuatro o seis, especialmente si se trata de una Misa dominical o festiva de precepto.

De acuerdo a ello, hay dos opciones para poner los candeleros: sobre el altar o cerca de éste. Si la cruz se pone en el centro del altar, siguiendo la tradición, lo más conveniente es que se pongan las velas a sus lados.

El número de candeleros es par, conforme a la Instrucción: pueden ser dos, cuatro o seis.

De acuerdo a la tradición, que implícitamente reconoce la Instrucción, aunque existan seis velas no se encienden todas en las celebraciones. Se encienden dos en las ferias o memorias; cuatro en las fiestas; y seis en los domingos y en las solemnidades.

Cuando celebra el obispo diocesano deben de usarse siete velas según lo indica la Instrucción General del Misal Romano y el Ceremonial de Obispos. La razón de esto es porque el número siete, en las Escrituras, simbolizan la perfección. Siete son los días de la semana, siete los diáconos para el servicio terrenal, siete los sacramentos, siete los dones del Espíritu, y el Apocalipsis habla de siete lámparas ardiendo delante del trono. De esta forma, se usan siete velas para destacar la plenitud del sacerdocio de la que participa el obispo. Es un signo que expresa la preeminencia episcopal.

Hay que decir que sólo se usan las siete luces si el obispo que oficia es el obispo diocesano, o sea, el que tiene la jurisdicción en la diócesis. Si un obispo oficia fuera de su jurisdicción no se encienden las siete luces, al igual que no portan báculo.

Ahora, en las misas de difuntos, aunque celebre el obispo diocesano, no se usan las siete velas sino únicamente seis, de acuerdo a una antigua tradición ya recogida en el Ceremonial de Obispos de 1886.


Por último, hay que señalar que es costumbre que las velas del altar sean de cera blanca o color crema. No hay obligación de usar cera de abeja. Las velas eléctricas, además de ser estéticamente feas, no cumplen con el simbolismo de una vela natural: consumirse iluminando, como debemos hacer los católicos en nuestra vida.

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