miércoles, 25 de marzo de 2015

Domingo de Resurrección

El Sábado Santo no se celebra la misa. La Iglesia está de luto por la muerte de su Esposo. Pero a la última hora del día se celebra la Vigilia Pascual. Litúrgicamente se entiende que se trata del Domingo de Resurrección y no del sábado. Se debe procurar que la ceremonia se celebre lo más tarde posible. En el Vaticano la misa empieza a la 23 horas y se lleva a cabo en la Basílica de San Pedro.

La Vigilia Pascual comienza en el atrio de la Basílica. Todo el tempo permanece oscuro. En el atrio está una fogata encendida. El papa bendice ese fuego, que se le conoce como “fuego nuevo”. Le llevan un cirio, sobre el que graba la cruz, el alfa y el omega (la primera y la última letra del alfabeto griego) en señal de que Jesús es el inicio y el fin de la creación. Graba también los cuatro números del año y, finalmente, le pone cinco piedras de incienso. Esa vela, el cirio pascual, es símbolo de Cristo. Una vez que está listo, un diácono lo enciende, en señal de que ha resucitado, de que se ha vuelto a encender la Luz del Mundo.

Cuando ha ocurrido eso, entra el papa y los concelebrantes a la Basílica que aún permanece a oscuras. En cada uno de los lugares en que se levantó la cruz el día anterior, se levanta el cirio mientras el diácono canta “Lumen Christi”, “Luz de Cristo”. Después de que se levanta por segunda vez, todos encienden una vela con la luz del cirio, en señal de que la luz de la fe nos viene de Cristo. La tercera vez que se levanta, se encienden la mitad de las luces de la Basílica.

Cuando la procesión llega al altar, se coloca el cirio pascual junto al ambón. Es importante que se cuide este detalle en todas las parroquias. La Palabra de Dios y la Luz de Dios van juntas. Su Palabra es nuestra luz. El cirio no es un elemento decorativo que puede ir en donde sea. Aunque sea importante, no debe ir en el centro del altar.

Al estar todos en sus lugares, un diácono va al ambón y canta el Pregón Pascual, un precioso canto que recuerda la resurrección de Cristo. Es muy hermoso. Se alaba a las abejas que produjeron la cera para elaborar el cirio, y se dice una frase muy fuerte y real “feliz culpa que mereció tal Redentor”, en referencia al pecado de Adán y Eva.

Tras el pregón pascual, se apagan las velas y comienza la Liturgia de la Palabra. Se leen siete lecturas del antiguo testamento, que resumen la Historia de la Salvación. Tras cada lectura se proclama un salmo. Una de las lecturas recuerda la salida de Egipto y el paso por el mar. Esta lectura no termina con “Palabra de Dios”, porque el salmo que sigue es parte del relato del Éxodo, es su continuación, es lo que cantó el Pueblo de Israel. Después de cada salmo el papa reza una oración.

Tras las siete lecturas del Antiguo Testamento, un diácono se acerca al papa y dice “Os anuncio un gran gozo: el Gloria”. Y comienza el himno, durante el cuál se hacen tocar todas las campanas, como en el Jueves Santo, desde donde habían callado. Mientras se entona el gloria, se encienden las velas del altar y el resto de las luces de la Basílica.




Después del gloria se proclama una lectura de la carta de San Pablo a los Romanos. A ésta no le sigue un salmo, cuya antífona es el Aleluya. Un aleluya que se dice tres veces. Después de que se canta el salmo del aleluya se proclama el Evangelio como de costumbre y se hace la homilía.

Acabada la homilía se lleva acabo la liturgia bautismal. En el caso del Santo Padre sí hay bautizo de catecúmenos. Si ni hay catecúmenos, se renuevan las promesas bautismales. Ojalá en muchos casos haya a quién bautizar. Recordemos que los catecúmenos han estado presentes en toda la liturgia de Semana Santa.

Este rito comienza con el canto de la letanía de los santos, que culmina con una oración, tras la cual el papa bendice el agua bautismal, para la cual dice una oración el papa y mete el cirio pascual dentro del agua. Tras ello, cada uno de los catecúmenos hace la renuncia a Satanás, la profesión de fe y recibe el bautismo. En el caso de adultos, ahí mismo son confirmados. Después de ser bautizados, reciben la vestidura blanca. En el caso de los niños no se nota este rito, porque ya van de blanco. Pero en los adultos si se ve como reciben una capa blanca, símbolo de que están limpios de pecado.

Acabado el rito del bautismo, todos los fieles renuevan su renuncia a Satanás y reiteran sus promesas bautismales. Hecho esto, en señal de recuerdo al bautismo, los diáconos recorren el templo aspergeando a los fieles.

Acabado este rito, inicia la Liturgia Eucarística, y prosigue la misa como de costumbre. Es recomendable utilizar la Plegaria Eucarística I.  Al final se despide al pueblo con cualquiera de las fórmulas a las que se añade la palabra Aleluya, Aleluya. Por ejemplo, “Pueden ir en paz, aleluya, aleluya”. A esto se contesta también con aleluya, aleluya: “Demos gracias, aleluya, aleluya”. Esto se repite durante todo el Tiempo Pascual.

El domingo por la mañana se celebra la Misa del Día de la Resurrección del Señor. El Santo Padre lo hará en la Plaza de San Pedro, que es adornada con millones de flores. Por eso se conoce ese día como “Pascua florida”. Realmente se vuelve un jardín la plaza. Es muy bello.

La misa es como la de costumbre. Pero en el caso del papa sí hay una modificación. Tras la procesión de entrada y antes de iniciar la misa se lleva a cabo el “rito del Surrexit”. Como San Pedro fue el primer testigo de la resurrección, ahora el papa, el sucesor de Pedro, también vuelve a ser el primer testigo. Consiste en que los diáconos abren un tríptico de Jesús Pantocrátor mientras un diácono canta que Jesús resucitó en tres ocasiones.

Salvo con esa variación, se trata de una misa como la de cualquier domingo de pascua.


Acabada la misa, el papa sube al balcón central de la Basílica de San Pedro, desde donde imparte la bendición Urbi et Orbi, con la que podemos ganar indulgencia plenaria.

martes, 24 de marzo de 2015

El Viernes Santo


El Viernes Santo no se puede celebrar la misa, en señal del luto que guarda la Iglesia por la muerte de Cristo. Pero se lleva a cabo la Celebración de la Pasión del Señor, a una hora cercana a las 3 de la tarde, en que murió el Señor.

El papa preside esta celebración a en la Basílica de San Pedro. Se reviste como para la misa, pero con algunos cambios. No usa férula ni cruz pectoral. Tampoco usa el anillo del pescador, como señal de que el Esposo de la Iglesia, Jesucristo, ha muerto. Las luces de la Basílica permanecen apagadas, como señal de que la Luz del Mundo se apagó. El altar no tiene ni frontal ni velas ni mantel.

El Santo Padre hace su entrada en procesión. No hay ningún canto. Se hace en completo silencio. La Procesión la componen los acólitos sin cirios ni cruz ni incienso, los diáconos que llevan el Evalgeliario no en alto sino en el pecho, los diáconos que asisten al papa, y el Pontífice al final acompañado de los ceremonieros.

Al llegar frente al altar, el papa se postra totalmente en tierra. Es un recuerdo de su ordenación. Es un símbolo de que como persona es tierra, es polvo, es nada.

Se inicia con la Liturgia de la Palabra. Una profecía de Isaías y una lectura de San Pablo. Después se canta la Pasión según San Juan. Como el Domingo de Ramos, se omite el saludo. En vez de decir “Lectura del Santo Evangelio” se dice “Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan”. Ojalá que cuidemos este detalle.

La Pasión suele leerse a tres voces en todo el mundo. En el caso de la liturgia papal se canta a cuatro voces: un diácono canta como si fuera el narrador, otro, como si fuera Jesús, y otro más como si fuera los demás personajes; además, el coro canta las partes que dicen muchas personas. A mi me resulta impresionante escuchar cantar a todo el coro la parte de “Crucifíquenlo, crucifíquenlo”. Le da mucha viveza.

Tras la Pasión, el predicador de la casa papal, el padre Rainero Cantalamessa hace la homilía. Este día no predica el Santo Padre.

Una vez que terminó la homilía se hace la oración universal. No es la oración de los fieles de cada misa. Es la oración universal. Se invita a rezar por distintas intenciones (la Iglesia, los catecúmenos, los cristianos, los judíos, etc.) tras lo cual todos se arrodillan y rezan en silencio. Tras esta oración en silencio, el Santo Padre hace una oración especial por la intención para la que se pidió rezar.

Acabada la oración universal comienza el rito de adoración de la Santa Cruz. Por la parte posterior de la Basílica entra una imagen de Cristo crucificado. La lleva un diácono entre dos acólitos que llevan velas. Al inicio del pasillo central, a la mitad y hasta el frente levanta la imagen mientras canta “Mirad el árbol de la cruz en donde estuvo clavado el Salvador del Mundo”.

Cuando llega al frente, el papa se acerca a adorar la cruz con un beso. Para esto se despoja de la casulla, de la mitra y del solideo. El papa Benedicto XVI se quitaba también los zapatos, como lo indican las rúbricas.

Una vez que el papa adoró la cruz, se pone frente al altar. Ahí pasan todos los cardenales y obispos a adorarla. Para adorarla hacen una genuflexión y después besan la cruz. Esto es algo que tenemos que hacer todos los que adoremos la cruz. El Viernes Santo hay que arrodillarnos frente a la cruz, como si fuera el Santísimo Sacramento. Sólo ese día se hace esto. Cuidémoslo.

Mientras se adora la cruz se cantan los Improperios. Es un canto impresionante. Se trata de Jesús hablándole al pueblo, diciéndonos a nosotros: “Pueblo mío, ¿que te he hecho o en que te he contristado? ¡Respóndeme! Yo te saqué de Egipto y tu hiciste una cruz para tu Salvador.” Junto con el “Santo Dios, Santo fuerte y Santo Inmortal” en griego y en latín.

Cuando termina la adoración a la cruz, un diácono lleva al Santísimo Sacramento desde el Monumento en el que se reservó la tarde anterior. Lo deposita sobre el altar en el que se puso un corporal. Cuando esta ahí, se acerca el Santo Padre, quien lleva a cabo el rito de la comunión como en la misa, pero sin partir la hostia y sin el canto del Cordero de Dios. Comulga y se da la comunión a todos los fieles.


Acabada la comunión el papa dice una oración. Tras ello, y sin dar la bendición (recordemos que hay una continuidad entre las celebraciones del Triduo Pascual), sale en silencio, tal y como entró.

lunes, 23 de marzo de 2015

El Jueves Santo


El Jueves Santo el papa preside dos celebraciones litúrgicas. Por la mañana celebra la Misa Crismal. Esta celebración se lleva a cabo en la Basílica de San Pedro. Esta es una misa que sólo pueden celebrar los obispos. El papa lo hace como obispo de Roma.

La misa se celebra como de costumbre hasta la homilía. Tras ésta, se lleva a cabo la renovación de las promesas que hicieron los sacerdotes de la diócesis de Roma el día de su ordenación. Lo mismo hacen con su obispo todos los sacerdotes del mundo.

Una vez que han renovado sus promesas, se llevan en procesión tres ánforas con aceite desde la parte posterior de la Basílica hasta el altar. Las ánforas se hicieron hace pocos años, durante el pontificado del Beato Juan Pablo II por artistas españoles.

Cada ánfora es acompañada por personas que tienen significado. El que contiene el oleo de los catecúmenos, por algunos de los catecúmenos que serán bautizados en la Vigilia Pascual; el de los enfermos, por algunos dolientes; el de el crisma por jóvenes que se confirmarán y diáconos que serán ordenados.

Cuando se encuentran ahí, delante del Santo Padre, comienza la bendición o consagración, según sea el caso.

En primer lugar se bendice el oleo de los enfermos. Este es el aceite que se utiliza para ungir a los enfermos durante el Sacramento de la Unción. Su uso es ya era mencionado por el apóstol Santiago y es símbolo del vigor y de la fuerza que da el Espíritu Santo en el Sacramento, con el que se transforma nuestra enfermedad y nuestra muerte en sacrificio salvador como el de Jesús. Se bendice con una oración y con el signo de la cruz.

En segundo lugar se bendice con una oración y con el signo de la cruz el oleo de los catecúmenos. Este aceite se usa en el para ungir a los que están preparándose para el Bautismo, los llamados catecúmenos. Este óleo extiende el efecto de los exorcismos, para que los bautizandos reciban la fuerza para renunciar al diablo y al pecado, antes de que se acerquen y renazcan de la fuente de la vida. En el caso de los niños, lo reciben en la misma ceremonia del bautismo, poco antes de ser bautizados. En el caso de los adultos, se usa en una ceremonia anterior a la del bautismo, llamada de recepción al catecumenado.

En tercer lugar se consagra (aquí no se bendice sino se consagra) el santo crisma. La palabra “crisma” es griega y denomina un ungüento aromático mezcla de aceite de oliva (que representa la fortaleza) y bálsamo oloroso (cuyo aroma representa el suave olor de la vida cristiana). Su etimología proviene de “chrio”, ungir, que ha dado origen al término “Christos” que significa “El Ungido”. De ahí deriva la palabra Cristo, con la que designamos al Salvador.

El crisma se usa justo después de que una persona recibe la triple infusión de agua en el bautismo, por los que se confirman y por aquéllos que reciben el orden sacerdotal. También se usa para consagrar los nuevos templos, vertiéndose sobre el altar y sobre las paredes de la nueva iglesia.

La consagración del crisma se hace de la siguiente forma. Un diácono anuncia cantando que es será el santo crisma. Tras ello, vierte perfume en el aceite. Después el Santo Padre sopla sobre el aceite mezclado con perfume. Este es un signo que viene del mismo Jesús, quien sopló sobre los apóstoles para transmitirles el Espíritu Santo. Los obispos, sucesores de los apóstoles repiten el gesto.

Cuando el papa ha soplado, dice una oración, tras la cual, todos los concelebrantes junto con el Santo Padre levantan su mano derecha hacia la ánfora y dicen una oración consagratoria, en medio de la cual hacen el signo de la cruz sobre el crisma.

Una vez que se hizo la bendición del oleo de los catecúmenos y de los enfermos, y se consagró el santo crisma, la misa continúa como de costumbre. Los párrocos suelen recoger los óleos que les corresponden a su parroquia al finalizar la misa. Por la tarde, es costumbre recibir los tres oleos solemnemente junto con la comunidad parroquial.

Por la tarde, el Santo Padre celebra la Misa in Coena Domini, la Misa de la Cena del Señor. Con ella inicia el Triduo Pascual. Al igual que los dos años anteriores, el Papa Francisco no la celebrará en la Basílica Catedral de San Juan de Letrán, como era la costumbre papal, sino en una cárcel.

Esta misa se celebra como de costumbre, pero con algunas peculiaridades que destacamos.

1.- Antes de la misa se retira el Santísimo Sacramento. No debe estar reservado en el Sagrario de ninguna Iglesia.

2.- Durante todo el Gloria se hacen tocar todas las campanas. Al finalizar, se hacen callar. Eso significa que no se tocan la campana durante la consagración. Es importante que cuidemos este detalle en todas las iglesias.

3.- Después de la homilía, el papa deja la casulla y hace el lavatorio de los pies a doce personas, para recordar el gesto de Cristo durante la última cena.

4.- En el ofertorio es importante poner muchas formas para que se consagren, porque serán las que se utilicen al día siguiente, ya que no puede celebrarse la misa y, por tanto, no pueden consagrarse.

5.- Después de la comunión se deja el copón sobre el altar. Tras la oración después de la comunión no se da la bendición, como un símbolo de la continuidad entre las tres celebraciones que constituyen el Triduo Pascual.


6.- Después de esta oración el papa lleva el copón con el Santísimo Sacramento con el velo humeral y en procesión hasta el Monumento, una capilla especialmente preparada para dejar el Cuerpo de Cristo guardado hasta la siguiente celebración. Es costumbre adornar este monumento con muchas flores y que permanezca abierto para la adoración de todos durante la tarde del jueves y la mañana del Viernes Santo.

viernes, 20 de marzo de 2015

El Domingo de Ramos


Iniciamos ahora a comentar los ritos de la Semana Santa en la liturgia papal.

La primera celebración es el Domingo de Ramos de la Pasión del Señor. El Santo Padre lo celebrará en la Plaza de San Pedro. La ceremonia comienza en el obelisco que se encuentra en el centro de ésta. Es un lugar significativo. Aunque muchos no lo sepan, en la parte más alta de éste se encuentra el pedazo de la Cruz de Cristo (o lignum crucis) más grande del mundo. Por eso está inscrito en la parte inferior del obelisco: “Ecce Crucem Domini! Fugite partes adversae! Vicit Leo de tribu Iuda, Radix David!”, que se puede traducir como “¡He aquí la cruz del Señor!
¡Huid fuerzas enemigas!
¡Ha vencido el León de Judea,
la raíz de David!”

En ese lugar se lee el pasaje del Evangelio que recuerda la entrada triunfal de Nuestro Señor en Jerusalén. Una vez que se ha leído, inicia una procesión hacia el altar colocado junto a la puerta de la Basílica de San Pedro. Durante la procesión todos llevan las palmas en la mano. El Santo Padre lleva un ramo en vez de la férula y viste capa pluvial roja.

Al llegar al altar comienza la misa, pero con la oración colecta. Es decir, el rito penitencial se suprime este día. Tras la colecta se lleva a cabo la liturgia de la palabra. En Evangelio se lee la Pasión del Señor de acuerdo al año litúrgico. Este año será el de San Marcos por estar en el ciclo B.

Sobre la lectura de la Pasión llamo la atención en tres cosas. Primero, que no acompañan los cirios y el incienso la procesión del Evangeliario, como se hace habitualmente. Segundo, que no se hace el saludo “El Señor esté con ustedes” antes de la lectura de la Pasión. Tercero, que no se dice “Lectura del Santo Evangelio según san Marcos”, sino “Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos”.

Hago estos comentarios porque creo que puede ser de mucha utilidad para todos los que van a participar en su parroquia este domingo en esa celebración. No solo sirve para lo que suceda en Roma con el papa. Todos podemos cumplir estos detalles litúrgicos ese día.

La Pasión suele leerse a tres voces: una es el narrador, otra Jesucristo, y la tercera lee lo que dicen todos los demás (Pilatos, Caifás, etc.). Esto le da mucha viveza a la lectura. En el caso de la liturgia papal, no se lee, sino que se canta a tres voces por tres diáconos.


Tras la lectura de la Pasión, la misa sigue como de costumbre.

jueves, 19 de marzo de 2015

La velación de las cruces

El próximo domingo será el V de Cuaresma, y con ese motivo comentaré una tradición propia de esa celebración.

Antes de las I Vísperas V Domingo de Cuaresma se cubren con velo morado todas las cruces que haya en los altares o fuera de ellos, que estén expuestas al culto y veneración de los fieles, incluida la cruz procesional. También se cubren con un velo todas las imágenes igualmente expuestas al culto en las iglesias. Anteriormente era una norma obligatoria, y hoy es potestativo. A mi me gusta que se haga porque es un símbolo fuertemente catequético.

No obstante, se permitía llevar las imágenes descubiertas en las procesiones y exponer en la iglesia la Virgen Dolorosa con su Hijo muerto en los brazos el Jueves y Viernes Santo, así como que pudiera estar descubierta la Dolorosa en el altar el Viernes de Dolores.

Existía la costumbre de cambiar el velo morado por uno blanco en la cruz del altar mayor para los oficios del Jueves Santo.

La cruz se descubre en el oficio del Viernes Santo para ser adorada a continuación. Esto se puede hacer mientras se canta el “Mirad el árbol de la cruz…”, o antes (depende del rito que se elija). Las otras imágenes se descubre mientras se entona el Gloria durante la Vigilia Pascual.


Les dejo una foto de una misa papal en la Capilla Sixtina con la cruz velada en blanco, una de Pio XII celebrando la misa en la Basílica de San Pedro con la cruz velada, y una de Benedicto XVI desvelando la cruz en Viernes Santo.